BBVA vaticina una caída en las ventas de vivienda del 7% en 2026
En 2026 la demanda de viviendas seguirá fuerte , pero la falta de oferta limitará las operaciones y presionando considerablemente los precios
El mercado residencial español afronta un escenario paradójico: la demanda seguirá mostrando fortaleza, pero la falta de viviendas disponibles limitará las operaciones y mantendrá una intensa presión sobre los precios. Así lo concluye el informe BBVA- Observatorio Inmobiliario Julio 2026: perspectivas y red eléctrica en el sector inmobiliario que revisa a la baja sus previsiones para el mercado residencial.
El informe prevé que las compraventas de vivienda retrocedan un 7,3% en 2026, mientras que los precios aumentarán un 12%. La principal explicación no estaría en un desplome de la demanda, sino en la incapacidad de la oferta para responder a las necesidades del mercado.
La demanda resiste, pero no encuentra suficiente vivienda
Los analistas consideran que la demanda seguirá respaldada por unos costes de financiación relativamente contenidos, la creación de empleo, la mejora de los salarios reales, el crecimiento demográfico ligado a la inmigración y el peso de los compradores extranjeros.
Sin embargo, estos factores no bastarán para sostener el volumen de operaciones. La escasez de producto disponible se ha convertido en el principal freno del mercado, hasta el punto de que el organismo atribuye buena parte de la reciente caída de las transacciones a la insuficiencia de la oferta.
Tras una evolución más débil de lo inicialmente esperado durante los primeros meses del año, las previsiones apuntan ahora a un descenso del 7,3% en las ventas de 2026. Aun así, el número de compraventas seguirá en niveles históricamente elevados. Para 2027 se espera una recuperación moderada, con un avance del 0,6%, que permitiría superar ligeramente las 700.000 operaciones.
La construcción crecerá, pero seguirá por detrás de la creación de hogares
La actividad promotora continuará aumentando durante los próximos dos años. Los visados de obra nueva crecerán un 10,1% en 2026 y otro 12,6% en 2027, según las previsiones del informe.
Las viviendas iniciadas pasarán de unas 139.000 unidades en 2025 a 153.000 en 2026 y 170.000 en 2027, un incremento que también impulsará la inversión residencial hasta representar el 5,7% del PIB en 2026 y el 6% en 2027.
El problema es que el ritmo de construcción seguirá siendo claramente insuficiente frente al crecimiento de los hogares. La creación neta de hogares se situaría en torno a 223.000 unidades en 2026 y 217.000 en 2027, por encima de la capacidad de respuesta del sector.
Como consecuencia, el déficit acumulado de vivienda continuará ampliándose y podría alcanzar unas 885.000 viviendas en 2027, especialmente en aquellas áreas donde la presión de la demanda es más intensa.
La escasez mantendrá la presión sobre los precios
El principal mensaje del informe es claro: el desequilibrio entre una demanda sólida y una oferta insuficiente seguirá marcando la evolución del mercado residencial.
La previsión es que el precio de la vivienda aumente un 12% en 2026, para moderar posteriormente su crecimiento hasta el 5,7% en 2027.
El documento también advierte de los riesgos procedentes del contexto internacional. Un posible encarecimiento de los materiales de construcción derivado de las tensiones comerciales podría dificultar todavía más el desarrollo de nuevos proyectos, retrasando la llegada de vivienda al mercado o reduciendo la rentabilidad de determinadas promociones.
El Plan Estatal avanza, pero no resolverá por sí solo el déficit
BBVA Research valora algunos aspectos del nuevo Plan Estatal de Vivienda, entre ellos el aumento de los recursos públicos, el objetivo de consolidar un parque público permanente y las medidas destinadas a impulsar la industrialización y el desarrollo de suelo.
No obstante, el análisis considera que las medidas previstas no serán suficientes para corregir el importante déficit acumulado de vivienda.
Entre los obstáculos que continúan frenando el incremento de la oferta figuran la escasez de suelo finalista, la falta de trabajadores, la incertidumbre regulatoria y la complejidad administrativa de los procesos urbanísticos.
Además, el éxito de las políticas dependerá en buena medida de la coordinación entre las distintas administraciones y de su capacidad para atraer y movilizar inversión privada.
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